Por Alejandro Vargas González
Publicado en abril 14º 2026
Recientemente Select realizó un sondeo en línea a 50 miembros del Consejo de Innovación Digital (consejeros), CIOs de grandes compañías en México de diferentes sectores: finanzas, industria, educación, logística, telecomunicaciones, retail, bienes de consumo, entre otros.
Se abordó el tema de innovación dentro del presupuesto TIC, en el cual los participantes del sondeo estimaron que 18.5% del presupuesto TIC se destina a innovación y desarrollo, en línea con resultados de investigaciones previas realizadas por Select.
Y en promedio, consignan 9.8% de su presupuesto TIC a proyectos de IA, absorbiendo poco más de la mitad del presupuesto de innovación, dejando en evidencia el lugar prioritario de la IA para los negocios en 2026.
Imagen 1: Indicadores de presupuesto TIC

Además, se solicitó a los consejeros seleccionar de una lista de 23 categorías de tecnología (nube, IA, ERP, CRM, centros de datos, impresión, dispositivos, conectividad, etc.) las 3 prioridades para su presupuesto en este año, y, por otro lado, se les pidió señalar las 3 categorías menos relevantes.
Como resultado del ejercicio, el top 5 para 2026 son: agentes IA (12% de los participantes lo seleccionó), a la par de ciberseguridad (12%), analítica (11%), migración de ERP a la nube (9%) y ERP (8%).
Si se realiza una agrupación, casi una cuarta parte de los consejeros seleccionó alguna categoría de IA (agentes, Gen IA, ML), seguido de proyectos de ERP (17%).
En contraste, los cuatro segmentos menos relevantes para los miembros del Consejo de Innovación Digital revelan que persiste la tendencia de poco apetito por infraestructura y hardware: servidores y almacenamiento (20%), impresión (16%), PCs (13%) y equipos de energía (11%); en quinto lugar, se encuentran los proyectos de desarrollo de código con 7%.
Imagen 2: Segmentos de mayor y menor relevancia en 2026

El mercado TIC en México se concentra en capacidades digitales relacionadas con IA, ciberseguridad y analítica— mientras se reduce el interés por activos de infraestructura tradicional.
Esta polarización entre lo estratégico y lo operativo ha sido evidente desde 2025 y posiblemente se mantenga en el corto plazo.
